La prima de riesgo abre a la baja tras el rescate de la banca
española
España gana una batalla al mercado, pero la guerra sigue
HOY
Son nueve monosílabos que sí se tildan por pertenecer a diferentes categorías gramaticales:PRACTICO LA ACENTUACIÓN Y LA ORTOGRAFÍA
té, dé, sí, sé, mí, él, tú más.
Tabla de reglas para la acentuación de monosílabos
Monosílabos Reglas Ejemplos TE - Té: Se tilda cuando es sustantivo.
- Te: No se tilda cuando es pronombre.Te vi anoche tomando té con tu novia. DE - Dé: Se tilda cuando es verbo.
- De: No se tilda cuando es preposición.Dé el regalo ideal a los clientes dela mañana. SI - Sí: Se tidla cuando es adverbio de afirmación y pronombre.
- Si: No se tilda cuando es una conjunción condicional y nota musical.Sabemos que sí es correcta la teoría de los átomos si la gravedad es cero. SE - Sé: Se tilda cuando es verbo.
- Se: No se tilda cuando es pronombre.Sé que eres mayor de edad, pero sise lo pides, él te ayudará. MI - Mí: Se tilda cuando es pronombre.
- Mi: No se tilda cuando es determinante posesivo y nota musical.La receta de mi mamá, fue un éxito en la feria. Su diploma por hecho pormí. EL - Él: Se tilda cuando es pronombre.
- El: No se tilda cuando es determinante.Mi papá es médico de el hospital Obrero, él estudió en Trujillo. TU - Tú: Se tilda cuando es pronombre.
- Tu: No se tilda cuando es determinante.Tu gato es muy juguetón, tú debes comprarle un juguete. MAS - Más: Se tilda cuando es adverbio de cantidad.
- Mas: No se tilda cuando es conjunción adversativa.Si ganara más, podría comprarme un carro, mas mi familia no está de acuerdo.
COPLAS DE DON JORGE MANRIQUE POR LA MUERTE DE SU PADRE
I
Recuerde el alma dormida,
avive el seso e despierte contemplando cómo se passa la vida, cómo se viene la muerte tan callando; cuán presto se va el plazer, cómo, después de acordado, da dolor; cómo, a nuestro parescer, cualquiere tiempo passado fue mejor.
II
Pues si vemos lo presente
cómo en un punto s'es ido e acabado, si juzgamos sabiamente, daremos lo non venido por passado. Non se engañe nadi, no, pensando que ha de durar lo que espera más que duró lo que vio, pues que todo ha de passar por tal manera.
III
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar, qu'es el morir; allí van los señoríos derechos a se acabar e consumir; allí los ríos caudales, allí los otros medianos e más chicos, allegados, son iguales los que viven por sus manos e los ricos.
PALABRA VIRTUAL
El poema tiene una parte muy poética y eficaz expresivamente por el uso del recurso del UBI Sunt? Ix Dezidme: La hermosura, la gentil frescura y tez de la cara, la color e la blancura, cuando viene la vejez, ¿cuál se para? Las mañas e ligereza e la fuerça corporal de juventud, todo se torna graveza cuando llega el arrabal de senectud. xvII ¿Qué se hizieron las damas, sus tocados e vestidos, sus olores? ¿Qué se hizieron las llamas de los fuegos encendidos d'amadores? ¿Qué se hizo aquel trovar, las músicas acordadas que tañían? ¿Qué se hizo aquel dançar, aquellas ropas chapadas que traían?
elegía.
1. f. Composición poética del género lírico, en que se lamenta la muerte de una persona o cualquier otro caso o acontecimiento digno de ser llorado, y la cual en español se escribe generalmente en tercetos o en verso libre. Entre los griegos y latinos, se componía de hexámetros y pentámetros, y admitía también asuntos placenteros.
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De lo que aconteció aun mancebo que se casó con una mujer muy brava y muy fuerte.
De don Juan Manuel
Otra vez hablaba el Conde Lucanor con Patronio y le dijo:
—Patronio, mi criado me ha dicho que piensan casarle con una mujer muy rica que es más honrada que él. Sólo hay un problema y el problema es éste: le han dicho que ella es la cosa más brava y más fuerte del mundo. ¿Debo mandarle casarse con ella, sabiendo cómo es, o mandarle no hacerlo?
—Señor conde—dijo Patronio—, si él es como el hijo de un hombre bueno que era moro, mándele casarse con ella; pero si no es como él, dígale que no se case con ella.
El conde le pidió que se lo explicara.
Patronio le dijo que en un pueblito había un hombre que tenía el mejor hijo que se podía desear, pero por ser pobres, el hijo no podía emprender las grandes hazañas que tanto deseaba realizar. Y en el mismo pueblito había otro hombre que era más honrado y más rico que el padre del mancebo, y ese hombre sólo tenía una hija y ella era todo lo contrario del mancebo. Mientras él era de muy buenas maneras, las de ella eran malas y groseras. ¡Nadie quería casarse con aquel diablo!
Y un día el buen mancebo vino a su padre y le dijo que en vez de vivir en la pobreza, él preferiría casarse con alguna mujer rica. El padre estuvo de acuerdo. Y entonces el hijo le propuso casarse con la hija mala de aquel hombre rico. Cuando el padre oyó esto, se asombró mucho y le dijo que no debía pensar en eso: que no había nadie, por pobre que fuese, que quería casarse con ella. El hijo le pidió que, por favor, arreglase aquel casamiento. Y tanto insistió que por fin su padre consintió, aunque le parecía extraño.
Y él fue a ver al buen hombre que era muy amigo suyo, y le dijo todo lo que había pasado entre él y su hijo y le rogó que pues su hijo se atrevía a casarse con su hija, que se la diese para él. Y cuando el hombre bueno oyó esto, le dijo:
—Por Dios, amigo, si yo hago tal cosa seré amigo muy falso, porque Ud. tiene muy buen hijo y no debo permitir ni su mal ni su muerte. Y estoy seguro de que si se casa con mi hija, o morirá o le parecía mejor la muerte que la vida. Y no crea que se lo digo por no satisfacer su deseo: porque si Ud. lo quiere, se la daré a su hijo o a quienquiera que me la saque de casa.
Y su amigo se lo agradeció mucho y como su hijo quería aquel casamiento, le pidió que lo arreglara.
Y el casamiento se efectuó y llevaron a la novia a casa de su marido.
Los moros tienen costumbre de preparar la cena a los novios y ponerles la mesa y dejarlos solos en su casa hasta el día siguiente. Así lo hicieron, pero los padres y los parientes del novio y de la novia temían que al día siguiente hallarían al novio muerto o muy maltrecho.
Y luego que los jóvenes se quedaron solos en casa, se sentaron a la mesa, pero antes que ella dijera algo, el novio miró alrededor de la mesa y vio un perro y le dijo con enojo:
—¡Perro, danos agua para las manos!
Pero el perro no lo hizo. Y él comenzó a enojarse y le dijo mas bravamente que les diese agua para las manos. Pero el perro no lo hizo. Y cuando vio que no lo iba a hacer, se levantó muy enojado de la mesa y sacó su espada y se dirigió al perro. Cuando el perro lo vio venir, él huyó y los dos saltaban por la mesa y por el fuego hasta que el mancebo lo alcanzó y le cortó la cabeza y las piernas y le hizo en pedazos y ensangrentó toda la casa y toda la mesa y la ropa.
Y así, muy enojado y todo ensangrentado, se sentó otra vez a la mesa y miró alrededor y vio un gato y le dijo que le diese agua para las manos. Y cuando no lo hizo, le dijo:
—¡Cómo, don falso traidor! ¿No viste lo que hice al perro porque no quiso hacer lo que le mandé yo? Prometo a Dios que si no haces lo que te mando, te haré lo mismo que al perro.
El gato no lo hizo porque no se costumbre ni de los perros ni de los gatos dar agua para las manos. Y ya que no lo hizo, el mancebo se levantó y le tomó por las piernas y lo estrelló contra la pared, rompiéndolo en más de cien pedazos y enojándose más con él que con el perro.
Y así, muy bravo y sañudo y haciendo gestos muy feroces, volvió a sentarse y miró por todas partes. La mujer, que le vio hacer todo esto, creyó que estaba loco y no dijo nada. Y cuando había mirado el novio por todas partes, vio a su caballo, que estaba en casa y era el único que tenía, y le dijo muy bravamente que les diese agua para las manos, pero el caballo no lo hizo. Cuando vio que no lo hizo, le dijo:
—¡Cómo, don caballo! ¿Piensas que porque no tengo otro caballo que por eso no haré nada si no haces lo que yo te mando? Ten cuidado, porque si no haces lo que mando, yo juro a Dios que haré lo mismo a ti como a los otros, porque lo mismo haré a quienquiera que no haga lo que yo le mande.
El caballo no se movió. Y cuando vio que no hacía lo que le mandó, fue a él le cortó la cabeza con la mayor saña que podía mostrar y lo despedazó.
Y cuando la mujer vio que mataba el único caballo que tenía y que decía que lo haría a quienquiera que no lo obedeciese, se dio cuenta que el joven no jugaba y tuvo tanto miedo que no sabía si estaba muerta o viva.
Y él, bravo, sañudo y ensangrentado, volvió a la mesa, jurando que si hubiera en casa mil caballos y hombres y mujeres que no le obedeciesen, que mataría a todos. Y se sentó y miró por todas partes, teniendo la espada ensangrentada en el regazo. Y después que miró en una parte y otra y no vio cosa viva, volvió los ojos a su mujer muy bravamente y le dijo con gran saña, con la espada en la mano:
—¡Levántate y dame agua para las manos!
La mujer, que estaba segura de que él la despedazaría, se levantó muy aprisa y le dio agua para las manos. Y él dijo:
—¡Ah, cuánto agradezco a Dios que hiciste lo que te mandé, que si no, por el enojo que me dieron esos locos, te habría hecho igual que a ellos!
Y después le mandó que le diese de comer y ella lo hizo.
Y siempre que decía algo, se lo decía con tal tono que ella creía que le iba a cortar la cabeza.
Y así pasó aquella noche: ella nunca habló y hacía lo que él le mandaba. Y cuando habían dormido un rato, él dijo:
—Con la saña que he tenido esta noche, no he podido dormir bien. No dejes que nadie me despierte mañana y prepárame una buena comida.
Y por la mañana los padres y los parientes llegaron a la puerta y como nadie hablaba, pensaron que el novio estaba muerto o herido. Y lo creyeron aún más cuando vieron en la puerta a la novia y no al novio.
Y cuando ella los vio en la puerta, se acercó muy despacio y con mucho miedo les dijo:
—¡Locos, traidores! ¿Que hacen? ¿Cómo se atreven a hablar aquí? ¡Cállense, que si no, todos moriremos!
Al oír esto, ellos se sorprendieron y apreciaron mucho al mancebo que tan bien sabía mandar en su casa.
Y de ahí en adelante su mujer era muy obediente y vivieron muy felices.
Pocos días después su suegro quiso hacer lo que había hecho el mancebo, y mató un gallo de la misma manera, pero su mujer le dijo:
—¡A la fe, don Fulano, lo hiciste demasiado tarde! Ya no te valdría nada aunque mates cien caballos, porque ya nos conocemos.
—Y por eso —Le dijo Patronio al conde—, si su criado quiere casarse con tal mujer, sólo lo debe hacer si es como aquel mancebo que sabía domar en su casa.
El conde aceptó los consejos de Patronio y todo resultó bien.
Y a don Juan le gustó este ejemplo y lo incluyó en este libro. También compuso estos versos:
Si al comienzo no muestras quien eres,
nunca podrás después, cuando quisieres.
LA LECHERA
EL CUENTO DE LA LECHERA: CASTILLOS EN EL AIRE
Llevaba en la cabeza
una lechera el cántaro al mercado con aquella presteza, aquel aire sencillo, aquel agrado, que va diciendo a todo el que lo advierte "¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!" Porque no apetecía más compañía que su pensamiento, que alegre le ofrecía inocentes ideas de contento, marchaba sola la feliz lechera, diciéndose entre sí de esta manera: "Esta leche vendida, en limpio me dará tanto dinero, y con esta partida un canasto de huevos comprar quiero, para sacar cien pollos, que al estío me rodearán cantando el pío, pío. Del importe logrado de tanto pollo mercaré un cochino; con bellota, salvado, berza, castaña engordará sin tino, tanto, que puede ser que yo consiga ver cómo se le arrastra la barriga. Llevarélo al mercado, sacaré de él sin duda buen dinero; compraré de contado una robusta vaca y un ternero, que corra y salte toda la campaña, desde el monte cercano a la cabaña." Con este pensamiento enajenada, brinca de manera que a su salto violento el cántaro cayó. ¡Pobre lechera! Adiós leche, adiós huevos, adiós dinero, adiós lechón, adiós vaca y ternero. ¡Oh loca fantasía! ¡Qué palacios fabricas en el viento! Modera tu alegría, no sea que saltando de contento, al contemplar dichosa tu mudanza, quiebre su cantarillo la esperanza. No seas ambiciosa de mejor o más próspera fortuna, que vivirás ansiosa sin que pueda saciarte cosa alguna. No anheles impaciente el bien futuro; mira que ni el presente está seguro.
Félix María Samaniego. (S. XVIII)
EXPRESIÓN:
¿Qué quiere decir esto es como el cuento de la lechera?
- Referirse a alguien que se hace ilusiones y luego no se cumplen.
fábula.
Breve relato ficticio, en prosa o verso, con intención didáctica frecuentemente manifestada en una moraleja final, y en el que pueden intervenir personas, animales y otros seres animados o inanimados.
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